chico tocando la pandereta

MÚSICA PARA LA CANIJADA (PARTE II)

TU LENGUAJE HA DE SER SU LENGUAJE

Una persona como yo, acostumbrada al doble sentido, a la metáfora, al refranero popular… se dio de bruces cuando comenzó a trabajar con niños/as. Los niños son muy literales.

A lo que voy es que hay que hablar con terminología que ellos conozcan porque si hablas como si estuvieras dando cátedra en la universidad, resultarás soporífero.  Y si hablas con términos de nueva cuña para ellos, por favor, no corras un estúpido velo, sé paciente (1000 ó más veces) y explícalo, no hay cosa que más me guste que introducir en la lengua de Cervantes a los pequeños (es maravilloso tener ese poder).

Pero para enganchar a un niño no sólo hay que hablar en términos que conozcan, sino comportarse en una actitud que les atraiga. Hay que ser un poco niño para estar con niños, eso funciona a las mil maravillas y les encanta, y acaba por encantarte también a ti.

Esto no quiere decir que seas un niño al 100×100, porque entonces te pones a su nivel y el que necesita otro monitor eres tú. Y no poner barreras, ni ser serio, o hablar con ellos cuando tengas que hacerlo, es simplemente tener a todos subidos a tu chepa, adiós al control del grupo y contra más tarde lo hagas, más te costará enderezar tu clase.

Has de encontrar un equilibrio, al principio cuesta más, pero después ya sabes cuándo ser más payasete y cuándo más serio.

También siempre he pensado que es muy fácil teorizar (como aquí hago ahora mismo), y muchas veces hay que educar como puedas, pero al fin y al cabo, educar. Depende de la clase, del grupo, del niño/a, del tiempo, de… tantas cosas… así que haz en cada momento lo que creas que es lo más adecuado… no hay una varita mágica en muchas ocasiones, aunque tengas aprendido de memoria tu librillo.

 

SI SE CANSAN QUE LO DEJEN

Obligar a un niño a seguir asistiendo a algo que ya no quiere, es tontería. Matizo mis palabras, sí que lo secundo si lo que se quiere enseñar es que lo que se empieza se acaba, a modo de “disciplina”. Se llega a un pacto, y se acaba el curso. Pero ya está.

Muchas veces me he encontrado con casos de padres y madres que quieren que sus hijos continúen en contra de su voluntad. No vale de nada. El niño va a seguir queriendo no estar allí. Es mejor dejarlo, quizás volverá algún día con más fuerza a la música, o quizás no, quizás le gustan otras cosas. Lo que nos gusta a nosotros no tiene porque ser lo que les gusta a ellos.

Desde la perspectiva del profesor, no hay que frustrarse. El niño deja la clase por mil causas aparentes: está en una época de probar diferentes disciplinas y ver qué le gusta, puede que se haya cansado de venir, puede que no haya congeniado con tu metodología o con el grupo… No hay que frustrarse, simplemente, hay que analizar las causas. Mejorar, autoanalizarse, seguir aprendiendo… seguir vivo y no abandonarse… hacer las cosas de corazón.

Si te gusta lo que escribo aquí tienes más en mi web: Tardiopia.com

Víctor Tardío Crespo es profesor de Estimulación Musical para niños y niñas de entre 3 y 6 años, en la Academia LEM de Maliaño desde el año 2010.

 

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